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    07
    oct

    El vino forma parte de nuestra cultura, siendo emblema de nuestra gastronomía. Existe una extensa variedad de vinos que convierte al maridaje en toda una ciencia encargada de estudiar entre otras cuestiones el tema de la conexión que se establece entre vino y comida. 

    Cuando un amante del vino se dispone a cenar o comer acompañado de esta bebida, es importante que tengamos en cuenta los platos que vamos a consumir antes de elegir el vino con el que vamos a acompañar la velada.

    Cuando nos planteamos un menú es importante que pensemos tanto en sus alimentos como en sus bebidas como un conjunto, en lugar de percibirlo como partes individuales. De este modo podremos disfrutar de sus sabores sin que se anulen los unos a los otros, si empezáramos nuestro menú degustando un plato muy fuerte, seguramente si la siguiente composición tiene sabores más suaves nos será ligeramente insípido.

    Lo mismo ocurre con el vino. Si vamos a disfrutar de un vino ligero esté deberá servirse antes de uno que tenga más cuerpo, para evitar que uno eclipse el sabor del otro. Por ello los entrantes y primeros platos es mejor que vayan acompañados con vinos blancos y rosados, mientras que los segundos con vinos tintos, reservando los dulces al postre.