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    07
    sep

    La dieta mediterránea se ha convertido en todo un referente a nivel mundial, no solo por su sabor, sino por los grandes beneficios para la salud que tiene esta alimentación. Entre los principales alimentos de la dieta mediterránea se encuentran las carnes blancas, siendo el pollo una de las preferidas.

    Y es que el pollo es un alimento con grandes propiedades. Supone una gran fuente de proteínas con bajo índice de grasa, lo que lo convierte en un alimento ideal para el crecimiento muscular y el desarrollo. Además esta fuente de proteínas nos ayuda a evitar la pérdida de densidad ósea.

    El pollo también es un alimento que activa nuestro metabolismo y ayuda al funcionamiento de nuestro sistema inmunológico gracias a las grandes cantidades de selenio que encontramos en su composición. El pollo es uno de los alimentos con mayor proporción de selenio.

    Otro de los principales minerales que encontramos en el pollo es el fósforo, imprescindible para nuestros huesos y dientes, así como para el funcionamiento de órganos como el hígado o los riñones.

    Además este alimento es rico en vitamina B lo que supone una gran ayuda para el sistema metabólico e inmunológico.

    Estos beneficios unido a que se trata de una comida baja en grasas con grandes posibilidades en la cocina lo convierten en un plato ideal para consumir varias veces a la semana.